viernes, 1 de junio de 2012

¿Qué nos sorprende del malware?


Hemos podido leer algún artículo en que se califica a TheFlame como una "super-ciber-arma" del futuro. Este llamativo titular no puede más que asustar al lector y prepararlo para un apocalipsis cibernético. Las razones para esta espectacular clasificación son cuando menos desenfocadas. Parece que lo que sorprende del malware, es en realidad lo menos interesante.

"TheFlame es "el espía definitivo", copia datos del disco duro, registra mensajes instantáneos y otras comunicaciones online, registra pulsaciones de teclas, toma capturas de pantalla e incluso enciende el micrófono y graba conversaciones cercanas".

Este párrafo real leído en medios de comunicación, solo recopila características comunes de cualquier malware actual (y de hace años) al alcance de cualquiera. ¿Por qué nos sorprende entonces? ¿Por qué lo destacan los periodistas como hecho diferenciador?

Anclados en el pasado

No hemos asimilado que el malware actual es capaz de esto, aunque lo lleva haciendo varios años. Por ejemplo, Bagle, marcó un punto de inflexión en el mundo del malware: era absolutamente modular (como TheFlame), permitía el robo de información, se difundía a través de varios medios... y nació en 2004. Desde entonces, este modelo no ha parado de evolucionar, hasta el punto de que todas estas funcionalidades se pueden considerar "estándar" para cualquier creador de malware, en forma de kits "Do it yourself", y de módulos programables.

El usuario medio sigue pensando que el malware, en general, solo es capaz de ralentizar el ordenador o, como mucho, mostrar publicidad no deseada. Y sobre todo, que el antivirus (y solo el antivirus) les protegerá. La concienciación en este sentido es muy escasa.

Nos gustan los fuegos artificiales

Sub7 o Back Orifice, eran piezas de software muy sofisticadas en los 90, que permitían un absoluto control del sistema afectado. Sentaron las bases de las RAT (remote administration tool) actuales. Contaban con funcionalidades parecidas a las de TheFlame pero de una forma mucho menos discreta. Sin embargo, todavía hoy, la gente recuerda que su mayor logro era que permitía abrir la bandeja del CDROM remotamente...

El usuario sigue dejándose llevar por las funcionalidades más llamativas, independientemente de su utilidad práctica. Esta es la razón por la que en las series y películas los ordenadores se muestran con gráficos espectaculares, sonidos y efectos especiales en cada movimiento de pantalla, teclado o ratón. Si bien son muy vistosos, en la vida real resultarían insoportables a los cinco minutos de uso. Grabar la conversación, por muy espectacular que pueda parecer (que no lo es), no es útil por ahora para un troyano bancario. Para robar una cuenta no es necesario lucir espectaculares gráficos o emitir soniditos galácticos.

Sin embargo, controlar el DOM del navegador, modificarlo, inyectarse en procesos... todo esto es técnicamente más interesante y peligroso, pero poco llamativo para el usuario de a pie.

¿Nos debe sorprender algo, entonces?

El malware va por delante de las medidas de seguridad, por tanto, deberíamos sorprendernos de las características que convierten al malware en algo tan escurridizo que las elude. Principalmente, lo llamativo del malware actual no es qué puede llegar a hacer, sino el cómo llega a poder hacerlo y mantenerlo. En definitiva, tres puntos clave:


  • Cómo consigue infectar los sistemas. Uno de los mayores méritos del malware, verdaderamente sorprendente, son las habilidades técnicas de los exploiters para aprovechar vulnerabilidades, la capacidad de difundir estos exploits, eludir las medidas de protección de los sistemas operativos, y hacerse con el control de la máquina. Esto es un arte complejo, y (no sin razón) es lo más valorado en el mercado negro: conocer una vulnerabilidad es lo que mejor se paga hoy en día, pues permite ejecutar código arbitrario en los sistemas. A partir de ahí todo lo que se consiga, aunque interesante, ya no es "tan complejo". El trabajo duro ha sido conseguido. Una vez con el volante en la mano, conducir el coche no es tan difícil.
  •  Cómo consiguen pasar desapercibidos. Los creadores de malware centran sus esfuerzos actuales en la ofuscación de código, empaquetamiento, "técnicas anti debugger"... la inversión se centra en cómo hacer que su código sea más complejo, y su estudio lleve más tiempo. Esto les permite pasar desapercibidos. A veces las técnicas son muy ingeniosas, pero no suelen trascender del laboratorio que las estudia.  
  • El uso de la ingeniería social. Debería seguir sorprendiéndonos cómo los atacantes destripan la naturaleza humana y consiguen engañar a los usuarios para que pulsen sobre los enlaces, entreguen sus datos personales o incluso realicen transferencias ficticias en favor del propio atacante... Usando un ejemplo cercano, sería como sorprenderse más de que el "virus de la policía" pueda crear técnicamente una ventana que ocupa toda la pantalla, que del hecho de que haya conseguido una credibilidad en su estafa que consigue un ratio de efectividad tan elevado.

En definitiva, no es que TheFlame sea un malware más sin mérito (en absoluto), sino que llama la atención que, por un lado, no se mencionen las características que realmente lo hacen único  (programación LUA, exploits internos y conexión por bluetooth, recolección de metadatos...). Por otro, que sea necesario un despliegue mediático de este calibre para que al usuario común le llegue el mensaje de unas características que suenan a ciencia ficción... cuando las posee el malware común, el que en estos momentos infecta a millones de máquinas.


Más información:

una-al-dia (29/05/2012) TheFlame: reflexiones sobre otra "ciberarma" descubierta demasiado tarde


Sergio de los Santos
Twitter: @ssantosv