miércoles, 25 de febrero de 2015

No Me Han Hackeado. Stop.

Hace unos años, a la popular aplicación de mensajería que todo el mundo usa le salió un rival que aprovechaba los puntos débiles de su adversario: la seguridad y privacidad de las comunicaciones, además de otras funcionalidades no relacionadas con la seguridad. En el momento de su lanzamiento tuvo un espectacular crecimiento de usuarios, llegando al nivel de las más veteranas en poco tiempo. Hablemos de Telegram.

Sus creadores, los hermanos Durov, confiaban tanto en las características de cifrado de su creación, que no dudaron en ofrecer una recompensa de 200.000 dólares en bitcoins para aquel que consiguiera descifrar un texto que contenía una dirección de correo electrónico cifrada con MTProto, el protocolo de cifrado propio de la arquitectura.

El premio quedó desierto y volvieron a desafiar a la comunidad, elevando la cuantía a 300.000 dólares y permitiendo esta vez ciertos tipos de elementos más próximos a un escenario de ataque real. En concreto se podía emplear la captura de tráfico entre cliente y servidor, actuar como un servidor malicioso y usar lo que denominaron "ataques activos". Después veremos cómo esta definición tan abierta de "ataque activo" fue tensada hasta el extremo de toparse con su propio cuello.

Nadie consiguió los objetivos del segundo desafío. El premio quedó desierto de nuevo y en el aire la expectativa del lanzamiento de un tercer guante.

¿Sería posible que alguien consiguiera "romper" el cifrado, días después de expirar el reto, y dejara pasar la oportunidad de ganar 300.000 dólares o mucho más en el siguiente desafío?

Según algunos medios sí y por supuesto no tardaron mucho en hacer correr ríos de bits anunciando la noticia, sin más elementos de juicio que un enlace a un post donde se termina cantando las supuestas virtudes de sus propios productos y servicios.

A nadie le pasa desapercibido que un buen titular a tiempo es pegarle un buen empujón a las visitas. No viste lo mismo anunciar una denegación de servicio debido a una referencia a un puntero nulo que un titular del estilo: "Hackean tu Facebook a través de un ataque a tu WhatsApp debido a un exploit en GMail".

El supuesto "hackeo" a Telegram, no es un ataque basado en una debilidad en el protocolo de cifrado o una implementación defectuosa en el cliente que permita a un servidor controlado por el atacante explotarla. La técnica usada para acceder a los mensajes es general, de libro, se resume en un solo párrafo.

Envías a un objetivo un enlace que explota una vulnerabilidad en el navegador, estableces un canal, elevas privilegios y ya eres root. Listo, ya puedes acceder a cualquier rincón del sistema, memoria, disco, tarjeta, etc. con el añadido extra de que si se trata de un terminal móvil inteligente casi te aseguras una conexión persistente. O más fácil todavía, empaquetas todo eso en una aplicación maliciosa y se la regalas a tu objetivo, listo, ya tienes lo que necesitas.

Es fácil caer en ese fallo de concepto. No se trata de un ataque a una aplicación concreta, se trata de un compromiso total del sistema, una vez eres root se acabó el juego, no hay nada más después.

La intención del desafío de los Durov no era esa. Los mensajes se encuentran en dos estados distintos, en tránsito o en reposo. El supuesto ataque se apoya en el acceso a la información en reposo, esto es en disco o en la RAM, pero el reto estaba en acceder y descifrar u obtener la información en tránsito de dos clientes. El truco para justificar el post es ese "ataques activos". Esa definición tan abierta puede dar pie a interpretar el todo vale y en esa posición no hay ningún solo sistema o aplicación que se sostenga sola, todas caen, al final es una cuestión de tiempo.

Más información:

$200,000 to the hacker who can break Telegram

MTProto Mobile Protocol

$300,000 for Cracking Telegram Encryption

Crypto Contest Ends

David García
Twitter: @dgn1729


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